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Revalorización de la Guerrilla Urbana (Abrahám Guillém/Hodges)

coverHan transcurrido diez años desde la aparición del primer tratado sistemático de los fundamentos de la guerrilla urba­na: La estrategia de la guerrilla urbana de Abraham Guillen (Montevideo, 1966). La policía uruguaya tanto como los tupamaros, acreditan que este trabajo proporciona el mo­delo para la lucha de guerrilla urbana no sólo en Uruguay, sino también en sus vecinos Brasil y Argentina. De hecho la influencia de Guillen se extendió al norte tan lejos como México y los Estados Unidos, donde los tempéranos  [The Weather Underground] y el Ejército Simbiótico*[Se tradujo Simbiótico por Simbionés] de Liberación reconocieron su deuda hacia la guerrillas urbanas en Latinoamérica.

 

 

 

x Archivo de A. Guillém y otros.

Introducción.

Han transcurrido diez años desde la aparición del primer tratado sistemático de los fundamentos de la guerrilla urba­na: La estrategia de la guerrilla urbana de Abraham Guillen (Montevideo, 1966). La policía uruguaya tanto como los tupamaros, acreditan que este trabajo proporciona el mo­delo para la lucha de guerrilla urbana no sólo en Uruguay, sino también en sus vecinos Brasil y Argentina. De hecho la influencia de Guillen se extendió al norte tan lejos como México y los Estados Unidos, donde los tempéranos  [The Weather Underground] y el Ejército Simbiótico*[Se tradujo Simbiótico por Simbionés] de Liberación reconocieron su deuda hacia la guerrillas urbanas en Latinoamérica.

El optimismo inicial generado por las hazañas de la Ac­ción para la Liberación Nacional (ALN) de Marighella y el propio Movimiento de Liberación Nacional (MLN) tupa­maro se trocó en escepticismo y finalmente en desespera­ción, en vista de los atrasos cada vez mayores que se iban sucediendo en la guerrilla urbana durante los 70’sj Así una década más tarde parecía que la estrategia de resistencia de Guillen para dictaduras seudoconstitucionales y militarfas-cistas era de tan difícil práctica como el modelo de Gueva­ra de guerra de guerrillas en el campo.

La aurora en Sierra Maestra durante 1957 y el ocaso con la derrota del Ejército Nacional de Liberación (ELN) del Che en Bolivia en 1967, la primera década de la guerra de guerrillas rural en Latinoamérica, fue seguida por una segunda década de luchas de guerrilla urbana, que rápida­mente se extendió a Norteamérica. Si bien el lanzamiento público de la guerra de guerrillas urbana en Uruguay en 1967, fue precedida por las guerrillas urbanas de Venezuela Jurante 1962-64, estas últimas se mostraron tan desastrozas como prematuras. Por tanto, la segunda década de las luchas urbanas viables pueden fecharse a partir del descubrimiento policíaco de la primera célula de los tupamaros en diciembre de 1966, después del cual las guerrillas uruguayas comenzaron a publicar sus acciones en un esfuerzo por establecer una base política entre las masas.
Con todo para muchos observadores esta segunda década terminó como la primera.’Los reveses sufridos por las guerrillas uruguayas en 1973 habían proclamado públicamente el fin de una experiencia abortiva de veinte años de lucha armada por grupos vanguardistas de la Nueva Izquierda, cuya alternativa había vanamente buscado un atajo y sustituto para las probadas y más realistas prácticas de la Vieja Izquierda.
Con el surgimiento en los 70’s de dictaduras militarfas-cistas en Bolivia y el Cono Sur, junto con Brasil, parecía que la guerra de guerrillas urbana había de hecho sufrido la misma suerte que su predecesora rural. En Brasil los líderes principales de las guerrillas urbanas fueron sucesivamente liquidados por las fuerzas de represión (Marighella en 1969, Ferreira Cámara en 1970 y Carlos Lamarca en 1971), después de lo cual las acciones de guerrilla urbana en este país cesaron virtualmente. Este revés fue seguido en abril de 1972 por la declaración del gobierno uruguayo de un estado de guerra interna contra los tupamaros, que puso el mando de esta operación en manos de los militares. En un año miles de sospechosos tupamaros y sus simpatizadores habían sido detenidos incluyendo al líder principal y fundador de la organización, Raúl Sendic, mientras que los rastreadores del ejército tuvieron éxito desenterrando arsenales subterráneos, centros de comunicación, hospitales y cárceles del pueblo de las guerrillas. La intervención de los militares culminó con un golpe presidencial militar contra el Congreso en junio de 1973, el cual terminó efectivamente con las libertades civiles en este país, permitiendo al gobierno amenazar con pena de muerte a los líderes de la guerrilla capturados si las células tupamaras sobrevivientes seguían comprometiéndose en operaciones militares.

Sumado a estos grandes retrocesos está el golpe militar-í’ascista en Chile en septiembre de 1973. Si bien este revés fue seguido de un recstructuramiento del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) como el núcleo principal de resistencia armada a la dictadura, en octubre de 1974 Miguel Enríquez, un fundador del MIR y su secretario general desde 1967, fue muerto en un encuentro armado con las fuerzas de represión chilenas.ivEn meses, el MIR también sufrió una serie de descalabros y traiciones que evidenciaron, como sucedió con los tupamaros, que su aparato armado había dejado de funcionar como un instru­mento efectivo de resistencia a la dictadura militar.

En diciembre de 1974, las guerrillas mexicanas también sufrieron so-peor revés. En un gran encuentro con las fuer­zas armadás^míexicanas en las montañas de Guerrero, uno de los últimos sobrevivientes de las guerrillas de los 60’s Lucio Cabanas, corrió la misma suerte que Enríquez. A diferencia de la liga urbana 23 de septiembre, degenerada en gangsterismo, Cabanas había combinado con éxito la guerrilla urbana y rural con el apoyo político de su Partido de los Pobres. Así para 1975 parecía que la lucha guerrille­ra mexicana recorría el mismo camino.

Las acciones de la guerrilla urbana en Argentina, comen­zaron en enero de 1974 con el ataque a la base del ejército en Azul, provincia de Buenos Aires, por contingentes arma­dos del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)^En sep­tiembre los montoneros peronistas, retornaron al clandesti-naje, contribuyendo también a aumentar el número y la escala de operaciones militares armadas por todo el país. Aun cuando el gobierno argentino siguió el ejemplo de sus vecinos, declarando un Estado de sitio en noviembre, para junio de 1975, las guerrillas parecían ser tan fuertes como antes. Más aún, en Chile el MIR, lejos de ser destrozado como lo anunciara el gobierno, había deliberadamente reducido los encuentros armados a fin de organizar las ba­ses de los comités de resistencia. Estos comités compuestos de cuatro a cinco miembros, se estaban concentrando en el sabotaje industrial y la guerra psicológica considerando es­tos

medios más efectivos para movilizar a las masas y con ello resentir a la dictadura y golpear al enemigo donde era más vulnerable. Esta táctica debe ser considerada en cual­quier apreciación razonable del papel de la guerra de gue­rrillas urbanas en general, y del modelo de Guillen en par­ticular.

¿Era la estrategia de Guillen la más viable? ¿Represen­ta el saldo negativo de la guerrilla urbana en la década más reciente un augurio de bancarrota para la lucha de la guerri­lla urbana?

Las partes esenciales de la estrategia de Guillen, anota­das en la la. edición de su Estrategia de la guerrilla urbana se predicaron bajo dos premisas generales: primero, que entre un territorio favorable y una población favorable, las guerrillas debían escoger la población en vez del terreno; segun­do, que un ejército de liberación nacional debe ser formado en cada país latinoamericano, pero con un mando estratégico con­tinental. La primera premisa es básica para la guerra de guerri­llas urbana, porque en América Latina el terreno, aunque fa­vorable, es escasamente poblado. La primera premisa se sostie­ne o fracasa, dependiendo del éxito de las insurrecciones de las décadas pasadas y venideras. El segundo supuesto se anti­cipó a la estrategia boliviana o continental del Che y ha sido fielmente seguida por el renovado ELN boliviano, por el MIR chileno, por los tupamaros y el ERP argentino. Al mismo tiempo, ha sido fielmente rechazado por los monto­neros y sus frentes políticos masivos en Argentina. Conse­cuentemente, la viabilidad de esta premisa depende de la efectividad comparativa de movimientos de resistencia internacionalmente coordinados y los nacionalpa^rióticos, teniendo en mente que el tema no es la viabilidad de la guerra de guerrillas por sí mismo, sino más bien sus formas y manifestaciones específicas.

Sobre la base de estas dos premisas Guillen resumió las partes esenciales de la guerrilla urbana bajo los siguientes términos:

1. En una guerra de liberación la victoria final no es militar sino política; ganará el lado que rompa la moral del enemigo, soportando más tiempo en una guerra de desgas­te, en la cual el más leve daño infligido persistentemente al enemigo, es más efectivo que hacerlo correr.

  1. Solamente una fuerza de guerrilla con el apoyo acti­vo de una mayoría de la población podrá triunfar contra la superioridad militar de un ejército regular; esto significa que la gente debe ser movilizada para que el núcleo guerri­llero crezca y se transforme en un ejército de liberación a gran escala.
  2. Estas dos estrategias deben estar tan bien combinadas que las tácticas empleadas para romper la moral enemiga contribuyan a atraer el apoyo de la mayor parte de la población y no provocar su repudio.

Aun cuando está implícito en el trabajo de Guillen de 1966 éste tercer postulado no se planteó sino hasta en su manuscrito de 1972, El pueblo en armas: estrategia revolu­cionaria. Como indica el título de este nuevo trabajo, la prioridad se ubica en levantar a la gente en armas más que desmoralizar al enemigo. Por consiguiente, los ataques a la ley y el orden y la diseminación sistemática del caos deben llevarse a cabo únicamente en aquellos casos de compatibi­lidad clara y evidente con las condiciones puestas en el segundo principio estratégico de Guillen.

¿Hasta dónde fueron esos tres principios aplicados por los movimientos de guerrilla urbana en las dos Américas? Con pocas excepciones, la prioridad se asignó al primero. Los militantes de los sectores juveniles y estudiantiles, que se adhirieron a la exigente acción de las guerrillas urbanas, deseaban la acción, un deseo urgente que sólo podía satis­facerse mediante operaciones militares. Las tareas políticas más tediosas y difíciles de organizar estructuras dentro de fábricas y vecindades se dejó a los partidos comunistas. El apoyo activo de la mayor parte de la población fue consi­derado superfluo; una minoría altamente disciplinada y efectiva sería suficiente. En consecuencia, los principios segundo y tercero de Guillen, fueron violados con el resul­tado predecible de que las guerrillas urbanas quedaron envueltas en actos que desalentaban en vez de promover la participación masiva de los movimientos de resistencia. Iró­nicamente, el mentor de las guerrillas urbanas quería dema­siado la acción directa

en una escala masiva para ser acepta­ble por las vanguardias políticomilitares, quienes descansa­ban principalmente en sus propias fuerzas para llevar a cabo el derrocamiento de regímenes represivos. La fijación en destruir al enemigo se volvió en detrimento de crear un apoyo masivo para las guerrillas.

Desde e^ta perspectiva, la responsabilidad por los reveces sufridos por las guerrillas urbanas durante los 70’s no debe cargarse a Guillen sino a las supervivencias del foquismo o tendencias militarvanguardistas en Anglo y Latinoamérica. Para Debray, como para el Che, la formación de la vanguar­dia y de su aparato politicomilitar tuvieron primacía so­bre todos los otros aspectos de la lucha, mientras que para Guillen las luchas politicoeconómicas o masivas eran fun­damentales. Así, los tropiezos de los movimientos de gue­rrilla urbana durante la pasada década deben atribuirse a la violación del segundo principio de Guillen. Las guerrillas argentinas, en particular el ERP y los montoneros, han adoptado este principio, y si no el tercero, hay al menos una fuerte evidencia circunstancial para creer que el mode­lo de Guillen sirvió para su éxito comparativo.

Este juicio lo confirma en parte la propia evaluación de los tupamaros en julio de 1973, en virtud del descenso de las operaciones políticomilitares del MIR a favor de la re­sistencia politicoeconómica iniciada en diciembre de ese año, y por la autocrítica de los sobrevivientes del Ejército Simbiótico de Liberación en marzo de 1975.

En su comunicado de julio de 1973 al pueblo uruguayo, los tupamaros subrayaron sus errores más importantes: pri­mero, el subestimar al enemigo, que era en realidad mucho más poderoso de lo que ellos pensaban por la ayuda tecno­lógica y financiera provista por los Estados Unidos; segun­do, el error de sobreestimar su propia capacidad como la vanguardia de la resistencia y de despreciar la capacidad de lucha de las masas en una confrontación con el enemigo. Formulado de otra manera, esta segunda autocrítica se convirtió en la fuente de la nueva máxima de los tupamaros: “Sin la participación activa y la dirección de la clase traba­jadora, la revolución es imposible.” Con esta perspectiva las acciones políticomilitares de la vanguardia debían su-plementarse con el sabotaje politicoeconómico por parte de los trabajadores organizados. AI mismo tiempo la van­guardia necesitaba concentrarse en organizar actividades destinadas a multiplicar las fuerzas de resistencia en las fábricas, en las escuelas y universidades, en los vecindarios de la clase trabajadora, en los pueblos, villas rurales, usan­do todos los medios contra el enemigo y combinando to­das las formas de lucha en un esfuerzo para descascararlo poco a poco.

En diciembre de 1973 la Comisión Política del MIR aprobó un documento interno que al mismo tiempo redu­cía el papel de las acciones políticomilitares, mientras aumentaiba las tareas politicoeconómicas de las guerrillas. Aunque las tácticas del MIR fueron resumidas bajo sólo dos encabezados —la línea política y militar de las masas— se dio un contenido económico por encima del político y militar. Así la línea política mandó no sólo una restaura­ción de las libertades civiles junto con el fin del Estado de sitio, torturas, patrullas de fuego y prisión masiva, sino también la defensa del pan diario de los trabajadores con­tra el pillaje de la inflación y el amago del desempleo. Igualmente, la línea militar de las masas habló por una proli­feración de formas de resistencia violenta e ilegal hacia la dictadura en una referencia indirecta al sabotaje económi­co, a las huelgas de brazos caídos, y al desarrollo de una prensa clandestina. En efecto, la línea masiva del MIR, política o militar, apeló directamente a los intereses econó­micos de los obreros como condición necesaria para des­pertar la respuesta masiva.

En marzo de 1975 los miembros sobrevivientes del Ejér­cito Simbiótico de Liberación admitieron en una entrevista de prensa clandestina ser culpables de errores militares y

vanguardistas. Entre éstos estaba la elección de Marcus Foster, un director de escuelas en Oakland, como su prime­ra víctima de asesinato. Aunque Foster estaba implicado en una serie de actos contra la comunidad negra de Oa­kland, era una figura insignificante y por más esfuerzos de la imaginación, no resultaba un enemigo nacionalmente reconocido y odiado por el pueblo americano. Por consi­guiente, su ejecución, sin sentido, resultó también contra­producente, puesto que provocó que un segmento conside­rable de la izquierda americana repudiara al ESL. La única excepción a esta repulsa general fue la respuesta secreta de los temperarios, que también habían quedado aislados de la corriente principal de resistencia política como conse­cuencia de errores vanguardistas parecidos, en el pasado.

En aquellos pocos casos en que los principios estraté­gicos de Guillen fueron aplicados, con todo, los movimien­tos de guerrilla urbana continuaron prosperando y flore­ciendo. Aunque en 1972 le pareció a Guillen que el ERP argentino había llegado a ser la encarnación ideal de la destreza tacticamilitar de los tupamaros y de la estrategia política de masas de los guerrilleros anarcosindicalistas de Uruguay (OPR.-33), para 1975 los montoneros argentinos se aproximaron más a esta síntesis.

Como el ERP, los montoneros recurrieron al secuestro y al fuego del fusil para superar la resistencia de los empresa­rios, para ganar huelgas, para aumentar jornales y mejorar las condiciones de trabajo. Uno de los primeros casos exi­tosos de su aplicación en esta nueva táctica ocurrió durante la huelga de tres meses de mil quinientos obreros de Pro­pulsora Siderúrgica, terminada en septiembre de 1974 con un triunfo decisivo de los obreros. Al mismo tiempo, los montoneros tenían ventajas de las que el ERP carecía. Ellos representaban las bases populares de un partido político mayoritario, incluyendo a la más grande e influyente orga­nización juvenil en el país; usufructuaban también un fren­te político compuesto por la juventud peronista, sindicatos afiliados, comités de barrio y organizaciones estudiantiles, que gozaban de un estatus legal, permitiendo a los monto­neros combinar las más diversas formas de lucha.

El único aspecto en el cual el ERP constituía una más fiel encamación de la estrategia de Guillen era en la articula­ción de un mando regional y Junta de Coordinación Revo­lucionaria que cubría Bolivia y el Cono Sur. Establecida en febrero de 1974, la junta era capaz de trascenderlas fron­teras nacionales y dar un contenido internacional a la lucha de guerrilla en distintos países. Vale anotar que en 1973, previa formación de la Junta de Coordinación, una parte de los recursos obtenidos por el ERP en los secuestros de ejecutivos de Firestone y Exxon en Argentina, cuyos resca­tes fueron de 3 y 10 millones de dólares respectivamente, se usó para asistir y reconstruir los maltrechos movimien­tos de guerrilla urbana en los países vecinos: Bolivia, Chile y Uruguay. Esta ayuda fue aún mayor, una vez que dichos movimientos guerrilleros establecieron un mando estraté­gico común. Así, en junio de 1975, la agencia “Noticias Argentinas” reportó que dos columnas de comandos del MIR habían cruzado la frontera Argentina hacia Chile des­pués de ser preparados para combate en los propios cam­pos de entrenamiento del ERP en las montañas de Tucu-mán. Un gran ejemplo de cooperación internacional en contra de la dictadura militarfascista chilena.

La necesidad de solidaridad internacional en la lucha contra el imperialismo y la dependencia de Estados Unidos y contra el fascismo colonial latinoamericano, exige no sólo un mando estratégico continental, sino también uno hemisférico. Como anota Guillen en su prefacio a la edi­ción norteamericana de Filosofía de la guerrilla urbana (Nueva York, 1973), es difícil para los revolucionarios tan­to latinos como norteamericanos ganar solos: “De la mis­ma manera en que los trabajadores norteamericanos y los gettos citadinos dependen de la revolución latinoamericana para minar el imperialismo en todos los países del dólar, el subproletariado superexplotado del sur del rio Grande depende de los negros, chícanos, puertorriqueños y trabajadores blancos dentro de los Estados Unidos para inmovilizar al imperialismo en su propia casa.” Puesto que estos proletariados, interno y externo, son hermanos en el

sufrimiento, hay una necesidad urgente de reunir la expe­riencia guerrillera en los dos continentes, tanto en Nor­teamérica como en Sudamérica, en un esfuerzo para derro­tar a su común opresor y explotador y lograr juntos su liberación.

En vista entonces de la impaciencia y proclividad van­guardista, características de la guerrilla urbana en las dos Américas, y de su indiferencia evidente al modelo del pue­blo en armas, los reveses sufridos durante la pasada déca­da no se deben atribuir a deficiencias en la estrategia de Guillen, sino a sus propios y reconocidos errores. En los raros casos cuando su estrategia fue aplicada, como por el ERP y los montoneros, ha soportado la prueba de la ad­versidad y no es menos practicable hoy que cuando fue formulada hace una década. De hecho, la guerra de guerri­llas urbana está lejos de la bancarrota, no sólo en Latinoa­mérica, sino también en los Estados Unidos. No obstante sus muchos errores, los temperarlos permanecen indem-» nes a pesar de la febril búsqueda del FBI, que todavía no logra infiltrarse en su estructura secreta, ni romper abierta­mente una sola célula de su organización. Vale también recordar que la amenaza del gobierno norteamericano en abril de 1975 de intervenir una segunda vez en Camboya, fue recibida con un resurgimiento de bombas de los tempé­ranos, que le hizo recordar los resultados de su primera invasión de 1970.

Donald C. Hodges Cuernavaca, Morelos 18 de Junio de 1975.

 

 

Revalorizacion de la guerrilla urbana – Guillem/Donald C. Hodges.pdf

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