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“El Reclamo”. Raúl del Pozo

 

 

Hablaban de los hijos del pueblos alrededor de la lumbre, mientras se asaban las patas, y se referían a nosotros, a los de la serranía, a los cabreros y a los que remasaban. Era la primera vez que nos sentíamos protagonistas de nuestra propia historia. Nada menos que hijos del pueblo. nos sentíamos aludidos porque los Fusilados (los comunistas) se referían a capitalistas y terratenientes que no conocíamos; sin embargo, nosotros sí que conocíamos a los curas. Lo que enseñaban los libertarios sí estaba a la medida de nuestra ambiciones y de nuestros sueños.

Aludían en la noche a las cadenas que nos oprimían y las sentíamos rodeándonos la cintura. Como en la catequesis, nos describían el paraíso el cura y las mujeres piadosas, éstos nos dibujaban un jardín, que sería toda la tierra, donde lo feo y lo vil se eliminaría. Luego nos desmetían la leyenda, tan en boga en nuestros pueblos, según la cual los anarcos degollaban a los curas y violaban a las vírgenes, insistiendo en que la anarquía era la máxima expresión del orden; todo lo que ellos predicaban eran cosas naturales, sin coacciones ni violencias. Anarquía quiere decir sin líderes, sin orden. Mientras los Fusilados no utilizaban tranvías, coches de correo, nunca el tren, siempre iban a pie, se movían de noche y evitaban las carreteras, los anarcos eran más descuidados, confiaban en la bodad natural de los campesinos y el resultado era que sus partidas se llenaban de topos y de espías. Iban cayendo, una a una, sus organizaciones.

 

El Reclamo – Del Pozo, Raul

(formato .epub)

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